Encuestas patito

Algunos, quienes no saben apreciar lo bueno de las redes sociales, se han encargado de intentar satanizarlas, haciéndolas culpables de cosas como la desintegración familiar, cuando las familias se desintegran por amantes, alcohol, y hasta por futbol, entre otras, es decir la situación puede ocurrir por muchas cuestiones.

Los que no saben, también culpan a las redes sociales de la eliminación de la comunicación personal y hasta de la violencia, nada más falta que esas personas quieran echarle la culpa a Twitter y a Facebook de la crisis económica. Lo anterior hasta parece burla, pero bueno algunas personas piensan que somos tontos y hasta tienen la osadía de afirmar que los usuarios quedan locos al utilizar tan populares herramientas.

No se puede tener una conclusión a la ligera, no se puede juzgar a las redes sociales tan solo con una encuesta realizada con menos de 20 usuarios de Twitter. Para realizar encuestas reales se necesita mucho más, es altamente necesario un estudio previo.

En lo personal me parece ridículo querer culpar a las redes sociales de cosas que lamentablemente hemos visto desde hace muchos años. Así que ciertas personas que se quedaron mentalmente en el pasado, quieren culpar a Twitter, Facebook y más de nuestras desgracias sociales.

Pero no piensen que esas campañas de desprestigio son gratis, pasa que algunas empresas de comunicación se han visto acorraladas por las mismas redes sociales, además creen que aún pueden manipular a todos sus televidentes y radioescuchas, eso ocurría hace muchos años, pero señores las cosas han cambiado, ahora ganar nuestra preferencia les cuesta más caro.

Las redes sociales han ayudado a que nosotros como ciudadanos tengamos más libertad de expresión, además en estados tan violentos como Nuevo León o Tamaulipas, Twitter y Facebook han sido herramientas que se utilizan para evitar estar en alguna situación de riesgo. Las redes sociales han logrado que los poderosos se pongan a temblar, es que la sociedad tiene más que un control de TV, tiene el poder de la palabra.

Ana Rent