Mi Ciudad

Cuando el presente no nos gusta preferimos hablar del pasado, así me pasa a veces con Monterrey, ya que no es historia nueva, la ciudad está mal y es inevitable recordar la antigua cara. Sin importar lo malo seguimos teniendo arraigo a nuestra tierra, nuestra querida y norteña tierra.

Mi ciudad está callada, por las noches reina el silencio, aunque a veces el mismo es interrumpido por algún estallido de granada seguido por balazos. El silencio es adornado por las sirenas de ambulancias y patrullas, tal vez el motor de algún vehículo que es el protagonista en una huida, seguido por los gritos y más gritos.

Mientras una balacera se registra, los niños se esconden debajo de la cama, algunos adultos en el baño o debajo de la mesa, donde sea pero lejos de las ventanas, hay terror por las balas perdidas.

Antes, en nuestra ciudad había actividad las 24 horas, hasta podías ir al supermercado en la madrugada, siempre había ruido porque la vida nocturna era normal. Hoy es un peligro si alguien está en la calle a las 22:00 horas, uno tiene que evitar el riesgo.

Así pasan las noches en mi hermosa ciudad de Monterrey, al día siguiente si bien nos enteramos de lo ocurrido durante la madrugada en algún noticiero, aunque hay días en que no se dice nada, aquí nada pasó aunque decenas escucharan algo o aunque desafortunadamente vieran la terrible escena.

De día, en mi ciudad llena de montañas, se observan miles y miles de rostros amables, esas sonrisas que tal vez más tarde se borrarán por alguna tragedia. En la calle, también podemos ver a miles y miles de personas preocupadas, alguno que se cuida del otro, ya que nadie sabe quién está al lado. Indiferencia la mayor parte del tiempo, pero es una reacción normal al observar todo lo que ocurre en Monterrey.

Ana Rent