Foto tomada de flickrTodos los presentes escucharon lo mismo, no había duda, la vocecita del pequeño se escuchaba clara y denotaba angustia, buscaron en la torre, comprobando lo que su compañero les informó, no había rastro alguno del niño.

Queriendo saber más de la historia de la casona que albergaba al casino, y saber quien era ese pequeño niño, averiguaron que ésta en el año de 1915 perteneció al Sr. Alfonso Zambrano, hasta que en el año 1939 se convirtió en hotel.

Tenían algo muy claro, averiguar quién era y qué le sucedió para que su espíritu estuviera en pena, se les ocurrió ir al Hotel Regina que se encontraba cerca de ahí, ya que era un hotel muy antiguo y averiguaron que fue del mismo dueño, llegaron a preguntar si alguno de ellos sabía algo de lo ocurrido años atrás. El encargado les comentó que había una persona que trabajó muchos años ahí y posiblemente pudiera saber más de la historia ya que también el padre de éste laboró en el hotel, dándoles santo y seña de cómo encontrar a ese señor.

Varios empleados en su día de descanso fueron en búsqueda de ésta persona, teniendo suerte de encontrarlo, vivía cerca de la plaza principal de San Nicolás, el señor amablemente los invitó a pasar, contándole a éste lo que les había ocurrido en la torre del casino. Con voz seria les dijó que su padre fue de los primeros empleados que tuvo Apartamentos California, y que él le había contado la siguiente historia.

El hotel Regina junto con el terreno del casino pertenecían a un sólo dueño, los cuales formaron parte de los Apartamentos California ya que antiguamente esa era la Carretera a Laredo, que tenía mucha afluencia de turistas americanos y que contaba con personal que vivía en las afueras de la ciudad, algunos de ellos se quedaban toda la semana por la falta de trasporte a sus comunidades.

Y que en ese entonces había una empleada llamada Antonieta, que había quedado viuda un año antes de trabajar en el lugar, tenía un pequeño de 3 años, llamado Jorge, al que tenía que mantener oculto en el hotel para no perder su trabajo, y que con ayuda de sus compañeros mantenían al niño entretenido en distintas áreas del lugar, y cuando llegaba el dueño del hotel lo mantenían oculto en lo alto de la torre, permaneciendo algunas veces muchas horas escondido.

Les contó que en una ocasión hubo una gran tormenta en la ciudad, causando estragos en el hotel, manteniendo a los empleados ocupados atendiendo a los huéspedes, y que el dueño por la contingencia se encontraba ahí, Antonieta tenía oculto al niño en la torre, pero éste como se estaba mojando, decidió salir en busca de su mamá, encontrándose con un huésped, mismo que se lo llevó a su habitación. Cuenta la historia que el turista había abusado sexualmente del menor, para luego darle muerte cortándolo en pedazos, los cuales se llevó a ocultar en la misma torre donde el niño solía esconderse.

Luego de que terminó la tormenta y todo volviera a la normalidad, no encontraban a Jorgito, después de muchas horas de búsqueda desesperada de la madre por el menor, fueron unos compañeros de ésta los que se encontraron con la terrible y macabra escena.

Avisando de inmediato al dueño del lugar, mismo que tenía muy buenas relaciones con la autoridad, ya que era altamente conocido por la sociedad. Llegando las autoridades comenzaron las indagatorias, encontrando gotas de sangre del menor que daban hacia la habitación del turista que por cierto era de origen americano, deteniéndolo de inmediato, el sujeto confensó su atroz crimen.

Al asesino se lo llevaron para que lo juzgáran y condenáran por la brutal acción, la ciudadanía protestó y pedía que lo mataran, ya que iban a venir los gringos a llevárselo y fue así como la máxima autoridad decidió aplicarle la Ley Fuga, es decir, darle muerte.

Al día siguiente Antonieta de la pena decidió quitarse la vida ahorcándose en la misma torre donde fue encontrado el cuerpecito destazado de Jorgito.

Así es como fue como el señor dijo que su padre le narró la trágica historia, y que desde ese entonces se veía y oía al pequeño, esperando que su mamita lo sacara de ahí.

Fue así que los empleados volvieron al casino y le contaron al gerente lo que habían averiguado, tomando la decisión que nadie más entrara a la torre, por la seguridad de los empleados, no sin antes ofrecer misas a nombre del pequeño y de su madre.

Laurita Garza

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