Mono Chato

Me cuenta una buena amiga una historia que le sucedió cuando era niña, dice que vivía con su abuelita y tías en una casa de la calle Martín de Zavala en el Centro de Monterrey, en la época de los años 70´s.

Era una casa antigua que rentaban, tenía en la sala una gran chimenea que estaba en desuso, me cuenta que su abuelita quien era costurera tenía su máquina en esa área de la casa, y que ella pasaba las tardes jugando ahí para estar a la vista de la abuela.

Un día jugando con su pelota, ésta se le fue hacia la chimenea, como toda niña que no mide peligros, se acercó para tratar de alcanzar la pelota, al no poder, se asomó un poco más logrando atraparla, con sorpresa la niña sintió que la tomaban de la mano suavemente, ella por inercia estiró el brazo y salió de inmediato de la chimenea, su abuela al verla asustada le preguntó por qué corría y le contestó que la tomaron de la mano cuando agarró la pelota.

La abuelita al checar su bracito se dio cuenta que la pequeña tenía unos dedos marcados con tisne en su brazo, preguntándole cómo o quién le había hecho eso, la pequeña le contestó que había sido el mono chato de la chimenea, la abuela le dijo que ahí no había nadie, que era su imaginación. Así pasaron unos días y la niña con la curiosidad de su edad, se acercó a la chimenea de nuevo y puso unos dulces adentro, quería saber quién le había tomado su mano.

Ya por la tarde cuando terminó de merendar se acercó nuevamente para ver si los dulces seguían ahí, así se dio cuenta que ya no estaban, se asomó por la chimenea para ver si veía algo, me cuenta que todos los días llevó comida por curiosidad, hasta que en una ocasión vio unos ojitos asomarse.
Con asombro la nena, se acercó un poco más, pidiéndole al misterioso niño que saliera ya que en el interior de la chimenea no se observaba nada, estaba todo negro.

Por el trabajo de la abuela, ella le pedía que estuviera cerca para cuidarla, permitiéndole ir a jugar al patio central que tenía la casa, en donde había una pequeña fuente en medio del lugar, la niña acostumbraba irse a jugar con sus muñecas ahí. Una tarde mientras la pequeña se encontraba en el patio, recibió la visita del extraño ser, sin temerle por el aspecto que presentaba, jugó toda la tarde, hasta que su tía al llegar a casa fue a su encuentro. Asombrada le preguntó que por qué estaba llena de tisne, que ya le habían dicho que no se acercara a la chimenea, ella le contestó que no había estado ahí que su amigo el mono chato como ella lo nombraba había salido a jugar.

De inmediato la asearon y ya en la cena le pidieron que les describiera al niño con el que estaba jugando, la nena les contó que estaba todo negro, que era chiquito y que solo se le notaban los ojitos blancos, pero vivía en la chimenea porque se escondía de su papá. Asombradas la abuela y las tías de lo que les contó la pequeña, se dirigieron a la chimenea introduciendo un alambre para saber hasta dónde llegaba, dándose cuenta que a un lado de ésta estaba un túnel que ellas desconocían, le pidieron a la nena que no se acercara más a la chimenea, que si el niño le hablaba o la buscaba nuevamente, avisara de inmediato.

Al día siguiente era domingo, la abuelita recibía la visita de sus hijos y nietos, todo parecía un día normal, habiendo terminado de almorzar todos los adultos se dirigieron al patio central de la casa a tomar café, mientras los niños estaban jugando en la sala de la casa. Mi amiga tenía un primito que la molestaba mucho, no perdía momento para estirarle el pelo o pegarle.

De pronto su primo como era su costumbre empezó a molestarla, queriendo quitarle unos dulces que la abuela le había dado para repartirlos entre sus primitos, de pronto la nena corrió hacia la chimenea y al ver al niño que asomaba sus ojitos, le dijó, “Defiéndeme monito, me está pegando mi primo”, éste a su vez se burló de ella y le dijo que ahí no había nadie, que no tenía miedo, asomándose a la chimenea, los otros primititos se quedaron viendo la escena en un rincón de la sala, la nena seguió pidiéndole a su amiguito que la ayudará a que su primo ya no la molestara más. Empujó a su primo al interior de la chimenea, entre gritos y ya habiendo llanto de los demás niños, los adultos llegaron a la sala, no podían creer lo que vieron , el niño estaba forcejeando sin parar con alguien dentro de la chimenea, de inmediato se hizo la histeria tratando de sacar al pequeño del interior de ésta, cuando lograron sacarlo, tenía rasguños en la cara y golpes, con marcas de manitas pequeñas en su rostro y ropa.

De inmediato los padres del pequeño se trasladaron a un hospital ya que no les contestaba nada de lo que le preguntaban, el niño se encontraba en shock. El padre de la pequeña le preguntó a su hija qué había pasado y le contestó que su amigo el mono chato que vivía ahí, la había defendido de su primo que tanto la molestaba. Entre reclamos y gritos los padres de la pequeña se la llevaron con ellos a su casa, quitándola de su abuela, el día fue todo un alboroto, el niño permaneció internado en el hospital ya que no reaccionó.

Ya estando sólo la abuela y sus hijas, platicaron lo sucedido a su vecina, que era la sobrina de la dueña de la casa, y hermana del sacerdote de la Parroquia Medalla Milagrosa, les dijo que le mandaría llamar para que platicarán de lo sucedido.

Y así fue, el sacerdote les comentó que su tía había sufrido la perdida de su pequeño hijo, que en un arrebato de celos su esposo la golpeó a ella y a sus hijos, e intentó quemarla viva delante de ellos, prendiendo fuego a la chimenea, sin percatarse que el más pequeño de sus hijos se encontraba escondido al interior de la misma, por fortuna llegaron algunos vecinos a impedir que el sujeto llevará a cabo su cometido, ya estando todos más calmados y con la autoridad presente, comenzaron a buscar al pequeño, sin éxito, sólo encontraron un zapatito de la criatura, confirmando su muerte, la madre sufrió una crisis al no saber nada de su hijo, al señor lo metieron preso a la cárcel en donde murió enfermo y sólo, la señora se fue a vivir con sus hijos a Piedras Negras, Coahuila y nunca más regresaron, la sobrina se hacia cargo de la propiedad.

A los dos meses abandonaron la casa que rentaban, la pequeña ya no regresó más, y en la actualidad el primo de ésta se encuentra en una clínica de salud mental ya que nunca logró recuperarse.

Laurita Garza