salas de lecturaEn medio de campañas que se esfuerzan por fomentar la lectura en nuestro país y en todo el mundo, me encontré con las Salas de Lectura, pequeños rincones llenos de ganas por fomentar el gusto por la lectura en todos los sectores. Así fue que encontré a Yahdiel González (23 de Febrero de 1982, Monterrey, N.L.) Gestora Cultural, y me compartió lo siguiente:

Al comenzar a soñar vemos mucho por dónde avanzar, pero no vemos hasta dónde podemos llegar, quizá vislumbramos un horizonte prometedor el cual nos motiva a continuar negando nuestro entendimiento a las adversidades.

Así fue mi incursión al proyecto de Salas de Lectura, un pretexto para compartir con otras personas sobre simples placeres, y uno de esos, la lectura. Dos Salas bajo el nombre de Hojas Voladoras, una dedicada a jóvenes profesionistas y otra dedicada a niñas y niños de una comunidad emigrante de lengua Náhuatl en el Estado de Nuevo León. Mi insaciable placer al compartir, mi exigencia por ver a otros con libro en mano, el saber que descubrían en silencio el mundo que llevaban dentro, era como si me inyectaran dosis de alegría.

En ese compartir, las lecturas latinoamericanas siempre fueron escenarios de tierras por conquistar, que descubría en mi imaginación, que inventaba con el deseo de vivirlas como ciertas, en donde en algún momento me refugié cuando estaba enamorada, cuando sentía dolor por mi gente o cuando se elevaba mi espíritu revolucionario.

Un día surgió la oportunidad de sumarme a un proyecto continental que se realizaba por segundo año consecutivo, la premisa era promover valores a través de diversas disciplinas artísticas. Sabía que esa era la oportunidad de avanzar y extender mi horizonte al compartir con mi Sala de Lectura, aunque con toda honestidad no sabía lo que me esperaba.

Así fue que Hojas Voladoras se convirtió en un espacio itinerante de fomento a la lectura, el cual se desarrolló en el transcurso de un viaje de 3 meses por 14 países latinoamericanos: México, Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, Colombia, Perú, Ecuador, Bolivia, Paraguay, Uruguay y Argentina. El principal sector al que se tuvo acercamiento fueron adolescentes de diferentes comunidades, a quienes al contar un cuento se les invitaba a que escribieran y narraran su trabajo inédito, se procuró hacer conciencia sobre la problemática que imperaba en cada lugar visitado y al final se les motivó a que propusieran posibles soluciones por medio de sus cuentos.

En ese tiempo dejé que mis ojos guardaran todo como una película interminable, para después ser yo misma espectadora de mi propia historia. Me dejé percibir toda especie de olores para tener una memoria en mi nariz y viajar en el recuerdo de diferentes lugares. Me permití sentir todo tipo de superficies para experimentar en carne propia la vida misma. Viví con tal intensidad que al final de este recorrido pude decir con libertad: “Viví lo que un día construí en mis sueños”. Durante el viaje me fui conquistando al andar por la América que en algún momento fue conquistada por otros, pues en diversos momentos me fui descubriendo yo misma.

El trabajo en Salas de Lectura es un trabajo 100% de voluntariado, el cual es el pilar fundamental de la sociedad civil. Da vida a las más nobles aspiraciones de la humanidad – la búsqueda de la paz, libertad, oportunidades, seguridad, y justicia para todas las personas. Sin el voluntariado sería imposible pensar en la transformación de una sociedad.

El acercamiento a través de la escritura y narración de los cuentos a las problemáticas distendidas en las comunidades latinas incita a buscar alternativas que mengüen, eliminen o erradiquen los temas en curso. Asuntos que parecen ser solo de titulares en las noticias son un constante en comunidades remotas o en las mismas capitales.

Maltrato infantil, contaminación, violencia familiar, trata de personas, drogadicción, caza de animales, tala de árboles, paz, e inclusión social fueron temas de los que escribieron al hablar de sus comunidades.

Un caso específico fue la aldea de Buena Vista, Guatemala que está rodeada por un futuro prometedor: sus adolescentes. Quienes escucharon la biografía de Wangari, mujer africana ganadora del Premio Nobel de la Paz en el año 2004, la cual promovió a través de una pequeña acción el bienestar comunitario. Los que participaron en el taller pudieron identificar y reconocer situaciones como la violencia, los vicios, y el maltrato infantil.

Otro caso es el de Wendy de 11 años, que vive en Managua, Nicaragua y escribió: “Yo sé que cuando cortan las tablas de los árboles yo los oigo. Pero no puedo ayudarlos porque toda la gente cortan los árboles y no puedo ayudarlos porque sé que me llaman, de verdad pero no puedo ayudarlos porque la gente va a pensar que estoy loca. Pero no puedo ayudarlo porque me pongo muy triste, pero no puedo ayudarlos, desearía evitarlo, porque sé que me piden ayuda, de verdad, pero no puedo ayudarlo más, pero me piden ayuda de veras… no es un cuento, yo sé que me piden ayuda. Fin” .

En Panamá, Panamá Felix de 7 años, redactó la siguiente historia: “Había una vez un niño que vivía en un basurero, no tenía casa y una señora lo encontró y se lo llevó a su casa y después lo dejó irse pero el niño era huérfano y él quiso vender periódicos pero no le compraban nada hasta que un niño le abrió la puerta y le dijo yo te puedo comprar uno y dijo de verdad y dijo que sí. Él busco dinero y le compró pero él le dio y le dijo yo te doy mi casa y cumplió su promesa”.

A través de sus cuentos en los que además de hacer evidente los conflictos de su entorno, desde su perspectiva distinguían el origen del problema, como en Delta del Tigre, Uruguay donde Sergio de 11 años escribió solo una nota que decía: “La culpa es del presidente, debería administrar mejor”.

El día que decidí salir con un par de libros para compartir mis lecturas no me imaginé que regresaría con “nueva literatura latinoamericana”, la cual la disfruté en el momento de invitarles a escribir, en el proceso de creación y al tiempo que la leían con los que estaban presentes.

Regreso con mis letras después de conocer la belleza de Latinoamérica que es como un pueblo escondido, explotado en su mano de obra para el consumo de otras naciones. En mis letras me traigo los mejores atardeceres que jamás haya visto, en cada historia me traigo el recuerdo de las caras más bonitas que haya conocido, solo al salí a caminar con mis libros por Latinoamérica.

Cristian Ascacio
@cristianascacio

@RegiandoCom